Si tu presupuesto no es realista, te lo deberían decir

Me pasa muy a menudo. Un cliente potencial llega con un objetivo ambicioso, pero con un presupuesto que no cuadra.

Muchas veces me piden presupuesto y, cuando empiezo a preguntar, la persona no sabe verbalizar bien qué quiere conseguir. Eso no es un problema. Casi siempre lo saben, solo que no lo tienen traducido a idioma marketiniano, y para eso estoy yo. Hablamos de su negocio, de lo que necesita de verdad, y yo lo convierto en objetivos de campaña. Esa parte me gusta y realmente es parte de mi trabajo. Mis clientes no tienen por qué saber de marketing, para eso me contratan.

El problema aparece cuando el cliente cree que sabe exactamente lo que quiere, y ese algo son resultados grandes, en poco tiempo, con un presupuesto pequeño.

Un ejemplo ficticio, pero basado en experiencias reales.

Un fontanero ofrece asesoramiento por videollamada. Hasta ahora vendía solo en Bizkaia, que es donde le conocen. Como el servicio es online, quiere empezar a vender su servicio en toda España.

Le pregunto por el presupuesto. Me dice que unos 150 euros al mes.
Ahí toca intentar disimular la cara de póker y explicarle por qué no es realista.

La pregunta que casi nadie se hace

Si planteáramos llegar a toda España con una campaña de buzoneo, ¿bastarían 150 euros? ¿Y empapelando ciudades con carteles? ¿Y contratando anuncios en las radios locales de cada provincia?

La respuesta es que no, evidentemente. Entonces, ¿por qué asumimos que internet funciona con otras reglas?

No lo hace. La publicidad digital puede ser más barata que otros canales, y de hecho suele serlo, pero eso no significa que el presupuesto deje de importar. Sigue habiendo una relación directa entre lo que inviertes y lo que puedes conseguir con eso.

Tener 150 euros al mes no significa que no puedas hacer nada. Significa que vas a poder hacer bastante menos de lo que tenías en la cabeza.

Cuando alguien no quiere escuchar esto

Cuando me encuentro con esta situación, intento que la persona entienda el planteamiento. La mayoría de las veces lo consigo, ajustamos expectativas juntos y redefinimos la estrategia. Otras veces no, y ahí prefiero rechazar el proyecto directamente.

Sé que a veces se enfadan. Lo entiendo, pero prefiero eso a la alternativa.

Si como profesional no te digo la realidad, vas a acabar tirando el dinero. Y después, la culpa va a caer sobre mí, no sobre el presupuesto que nunca fue suficiente para lo que pedías.

Lo que deberías esperar de cualquier profesional

No hablo de que te pidan un presupuesto que no tienes. Hablo de que alguien te diga con claridad qué es viable y qué no lo es, y que te oriente de verdad.

Si tienes poco presupuesto, que te diga qué puedes conseguir con eso, sin adornarlo. Y si tienes objetivos grandes, que te dé una idea realista de cuánto va a costar llegar hasta ahí.

Eso es lo que yo intento hacer en cada primera reunión, aunque a veces signifique decir que no o que me lo digan a mí.

¿Te apetece que hablemos de tu proyecto?